¿Cómo empezó Todo?

En 2024 decidí cambiar de vida y me fui a dar la vuelta al mundo.

Lento. Sin billete de vuelta. Con el pelo largo. Siempre al lado de Neptuniana, mi mujer.

Por fin tenía todo el tiempo del mundo para observar, reflexionar, escribir, enseñar...

Tras dos meses de viaje, llegamos a Malasia. Fue en un restaurante de Melaka cuando —después de contar una historia rocambolesca de mi vida a unos mexicanos que acabábamos de conocer— le reconocí a Neptuniana que lo único que echaba de menos era eso de hablar y contar anécdotas después de comer.

Ella me respondió: “¿Y si escribes cada semana una sobremesa en forma de newsletter y se la envías por correo a la gente?”.

Acepté, sin saber que su idea iba a convertirse en uno de los proyectos más potentes de mi vida.

Aquella semana dormimos en un templo. Pregunté a los monjes si les importaba que escribiera allí, junto al altar. Lejos de ofenderse, se entusiasmaron: me montaron una mesa y hasta presentaron ofrendas por mí.

Entre incienso, escribí la primera entrega. Se tituló “Nada que demostrar”. Puedes leerla en este enlace.

Pero ¿a quién se la enviaría?

Pasé varios días reuniendo a los primeros suscriptores: amigos, seguidores de Instagram, lectores. Les prometí una sobremesa semanal en forma de texto.

En una semana reuní trescientos suscriptores. Había llegado el momento.

Gin-tonic en mano, pulsé el botón de “enviar” en Kuala Lumpur, sentado en una terraza frente a las Torres Petronas. Fue un pequeño éxito.

Desde entonces he enviado newsletters desde más de veinte países: Japón, Filipinas, India, Nepal, Egipto, Antigua y Barbuda, República Dominicana...

Incluso desde el centro del océano Atlántico, mientras lo cruzaba a vela, convirtiéndome en la primera persona del mundo en enviar una newsletter desde allí.

Hoy llevo más de cien entregas.

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